Nuevo León
se mantiene en 2025 como uno de los ejes económicos más sólidos del país.
De acuerdo con cifras del INEGI, el estado alcanzó una población ocupada
cercana a los 2.85 millones de personas, consolidando su dinamismo laboral.
La tasa de desocupación se ubicó en 2.8 %, una de las más bajas a nivel
nacional, mientras que la informalidad laboral descendió a 33.7 %, la
menor del país. Estos indicadores reflejan un mercado laboral robusto,
apuntalado por la llegada de inversiones estratégicas, el crecimiento
manufacturero y un ecosistema empresarial cada vez más especializado.
Sin
embargo, detrás de estos resultados existe un fenómeno igual de determinante:
la transformación cultural que están experimentando las organizaciones
regiomontanas. Un cambio que ha dejado de ser interno para convertirse en un factor
clave de competitividad.
Durante
décadas, la cultura laboral del estado estuvo anclada en modelos tradicionales:
estructuras jerárquicas, liderazgo vertical, disciplina
estricta y procesos estandarizados. Ese modelo funcionó mientras la
industria operaba en entornos estables y predecibles. Hoy, la realidad es otra.
La presión por atraer talento especializado, la llegada de corporativos
globales, la sofisticación tecnológica y la necesidad de acelerar
los ciclos de innovación están obligando a las empresas a replantear su
forma de trabajar.
La demanda
actual ya no se limita a la capacidad técnica. El entorno exige adaptabilidad,
creatividad, resiliencia, colaboración efectiva y una relación distinta
entre líderes y equipos. Simon Sinek ha señalado que las organizaciones
modernas deben operar bajo una lógica de “Juego Infinito”, donde la
prioridad es mantenerse relevantes a largo plazo. Por su parte, Amy Edmondson
demuestra que la innovación solo florece cuando existe Seguridad Psicológica,
es decir, cuando las personas pueden expresar ideas, participar y aprender sin
miedo a repercusiones.
En Nuevo
León, esta transición es evidente.
El antes y después se refleja claramente en prácticas, estilos de liderazgo y
expectativas del talento:
Este viraje
no es menor. La cultura organizacional se ha convertido en un activo
estratégico que define qué empresas atraerán y retendrán al mejor talento
en un mercado donde la competencia es cada vez mayor.
En ese
contexto, la experiencia de empresas globales confirma la relevancia del factor
cultural. Como señala Linda Higgins, CHRO de Old World Industries, la
decisión de invertir en México —y particularmente en Nuevo León— no respondió
únicamente a infraestructura o logística, sino a la madurez cultural del
estado. Higgins destaca que Nuevo León ofrece “una combinación única de
talento preparado, disciplina industrial y una apertura creciente a nuevas
formas de liderazgo”, elementos que hicieron del estado un punto
estratégico para la expansión de OWI en México.
Esa visión
refuerza una conclusión contundente: la transformación económica de Nuevo León
es visible, pero es la transformación cultural la que definirá la sostenibilidad
del crecimiento en los próximos años. No se trata solo de atraer
inversiones, sino de construir culturas organizacionales capaces de
sostenerlas, escalarlas y convertirlas en valor a largo plazo.
En Nuevo León, la economía ya cambió. La cultura —por fin— está alcanzando ese ritmo.
Hermes Cruz: El autor es Manager México,
HR en Old World Industries, Ejecutivo de RRHH, Profesor de Cátedra en el TEC,
Consultor de Talento, Autor del Newsletter HR Boomerang en LinkedIn, Cohost del
podcast HR Unplugged, y además Asociado, Líder del Comité de Engagement y
Consejero en ERIAC Capital Humano. contacto@eriac.com.mx